Nuestra escala en Funchal, la capital de Madeira, fue una de esas paradas que se disfrutan desde el primer minuto. En cuanto bajamos del barco, ya teníamos claro que queríamos aprovechar el día para explorar algunos de los paisajes más impresionantes de la isla. Para movernos con libertad, alquilamos un coche de alquiler justo en el puerto, una opción comodísima y perfecta para una escala corta.
Madeira es una isla de naturaleza exuberante, acantilados imposibles y un clima suave que la acompaña todo el año. Su capital, Funchal, combina tradición atlántica, jardines tropicales, miradores espectaculares y un ambiente tranquilo que invita a pasear sin prisa. Desde aquí se accede a algunos de los paisajes más impresionantes de la isla, como los acantilados de Cabo Girão o las terrazas agrícolas de Fajã dos Padres, lugares donde Madeira muestra su esencia más auténtica: verde, vertical y profundamente ligada al mar.
Madeira es una isla montañosa, verde y llena de miradores, así que tener coche nos permitió disfrutarla a nuestro ritmo.
Cabo Girão: el balcón de cristal sobre el Atlántico
Nuestra primera visita fue Cabo Girão, uno de los acantilados más altos de Europa, con más de 580 metros de altura. La carretera hasta allí es preciosa, subiendo entre pueblos, terrazas agrícolas y vistas al océano.
Cabo Girão es un balcón suspendido sobre el Atlántico, un acantilado inmenso donde Madeira muestra su lado más vertical y sobrecogedor.
El famoso skywalk de cristal es una experiencia única: caminar sobre el vacío, con el Atlántico bajo tus pies, es una mezcla de vértigo y emoción que no se olvida.
Fajã dos Padres: un rincón escondido al que se baja en teleférico
Desde Cabo Girão condujimos unos minutos hasta el teleférico que baja a Fajã dos Padres, uno de los lugares más especiales de la isla.
Fajã dos Padres es uno de los rincones más especiales y escondidos de Madeira, una franja de tierra fértil al pie de un acantilado gigantesco, accesible únicamente en teleférico o por mar. Allí, el clima es más cálido, crecen frutas tropicales y el silencio solo lo rompe el mar. Es un lugar único, aislado y lleno de encanto, donde la isla muestra su lado más auténtico y tranquilo.
El descenso es espectacular: un acantilado vertical, el mar azul intenso y un paisaje que parece inaccesible.
Abajo nos encontramos con un pequeño paraíso: jardines tropicales, viñedos, un restaurante junto al mar y un ambiente tranquilo y auténtico. Pasear por Fajã dos Padres es como entrar en otro mundo, donde el tiempo va más despacio y solo se escucha el mar.
Praia Formosa: playa volcánica y paseo junto al mar
Nuestra siguiente parada fue Praia Formosa, la playa más grande de Funchal. Es una playa de arena oscura y callaos, muy típica de Madeira, con un paseo marítimo precioso y un ambiente local muy agradable.
El túnel costero y las piscinas naturales de Doca do Cavacas
Desde Praia Formosa caminamos por el túnel costero que conecta la playa con las piscinas naturales de Doca do Cavacas. El túnel en sí es una experiencia: húmedo, estrecho, con el sonido del mar resonando dentro y la luz del otro lado anunciando lo que viene.
Al salir, aparece uno de los rincones más bonitos de Funchal: piscinas naturales excavadas en roca volcánica, agua cristalina y vistas espectaculares a los acantilados. Un lugar perfecto para fotos y para disfrutar del paisaje.
De vuelta paso por el Museo de Cristiano Ronaldo
El Museo CR7 es uno de los lugares más visitados de Funchal, un espacio dedicado a la trayectoria de Cristiano Ronaldo, el deportista más famoso nacido en Madeira. Aquí se exhiben trofeos, recuerdos y momentos clave de su carrera, convirtiéndose en un punto de orgullo para la isla y en una visita imprescindible para los aficionados al fútbol y para quienes quieran conocer la historia del madeirense más universal.
No hicimos la visita interior pero entramos al hall principal y aprovechamos para hacernos la foto de rigor como buenos turistas en su escultura en la entrada.

Regreso a Funchal y despedida de Madeira
Volvimos al puerto con tiempo de sobra para devolver el coche y embarcar sin prisas. Madeira nos dejó una sensación maravillosa: naturaleza salvaje, paisajes únicos y una tranquilidad que invita a volver.
Una excursión perfecta para una escala de crucero, combinando aventura, mar y algunos de los lugares más bonitos de la isla.





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