Dubrovnik 2012
La perla del Adriático bajo la lluvia
Bienvenidos a Croacia
Primer contacto con la ciudad amurallada
La segunda parada del crucero nos llevó a la preciosa ciudad croata de Dubrovnik, una joya del Adriático que impresiona incluso antes de poner un pie en ella. El barco atracó a las afueras y, como la moneda local es la Kuna, nada más bajar aprovechamos para comprar un par de recuerdos y así obtener algo de cambio.
Justo al salir de la terminal encontramos el autobús urbano que conecta directamente con el casco histórico. En pocos minutos estábamos frente a la Puerta de Pile, la entrada principal a la ciudad antigua.
La ciudad antigua
Un viaje al pasado entre callejones de piedra
Cruzar la Puerta de Pile es como viajar en el tiempo: de repente te encuentras dentro de un laberinto de callejones estrechos, fachadas blancas y escaleras infinitas. La gran avenida central nos llevó hasta la Torre del Reloj, mientras que al otro extremo se abre el encantador Puerto Viejo.
La muralla transitable
Un paseo espectacular… hasta que llegó la tormenta
Compramos entradas para recorrer la famosa muralla transitable que rodea completamente la ciudad. Pero en cuestión de minutos el cielo se cubrió y empezó a llover. Como íbamos con el carrito de Arnau, devolvimos una de las entradas por seguridad.
Sara y el pequeño se quedaron resguardados en una cafetería frente a la Columna de Roland, mientras yo subía a la muralla para intentar aprovechar la visita.
Apenas llevaba diez minutos arriba cuando cayó un auténtico chaparrón: lluvia, viento y la muralla convertida en un pequeño río. Aun así, pude refugiarme bajo algunos torreones y hacer varias fotos panorámicas preciosas, con los tejados naranjas brillando bajo la lluvia.
Empapados pero felices
Un final pasado por agua
Cuando la tormenta aflojó, bajé empapado de arriba a abajo, recogí a Sara y Arnau y tomamos un taxi de vuelta al barco para evitar más complicaciones.
A pesar del mal tiempo, Dubrovnik nos pareció una ciudad encantadora, llena de historia y con un casco antiguo que merece ser recorrido con calma. Nos quedó la espinita de no poder disfrutarla como se merece, pero también la certeza de que volveremos algún día para vivirla con sol y sin prisas.
Dubrovnik nos dejó con ganas de más, y con la promesa de volver para descubrirla como realmente merece.

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