La Rochelle (2022)
Una parada improvisada en la perla del Atlántico
Una decisión improvisada que resultó perfecta
La Rochelle no estaba prevista en la planificación inicial del viaje, pero al ver la distancia entre Puy du Fou y Burdeos, necesitábamos un lugar intermedio para comer y descansar. Y qué mejor opción que descubrir una de las joyas de la costa atlántica francesa.
El traslado desde Chambretaud, que debía ser de hora y media, se alargó a más de dos horas debido a la enorme afluencia de turistas en pleno verano. Un primer indicio de que estábamos a punto de llegar a un lugar muy especial.
Llegada al Puerto Viejo · Un ambiente vibrante
Buscamos aparcamiento lo más cerca posible del Puerto Viejo y encontramos un parking económico justo delante del famoso Acuario de La Rochelle, llamado Encan. Desde el coche ya pudimos intuir la belleza de esta zona turística.
Con un calor sofocante, en apenas unos pasos llegamos al Puerto Viejo, rodeados del Atlántico y de un ambiente turístico increíble. La ciudad vive para el visitante: terrazas llenas, barcos entrando y saliendo, y un ritmo veraniego contagioso.
Como ya era tarde y todo estaba lleno, buscamos una mesa con vistas al puerto para comer tranquilamente y disfrutar del paisaje.
Paseo por el Puerto Viejo · Torres, murallas y mar
Tras comer dimos un breve paseo para conocer el puerto, con su silueta inconfundible formada por las dos torres fortificadas: la Torre de San Nicolás, la más alta, y la Torre de la Cadena. Juntas crean una imagen icónica del Puerto Viejo.
Las torres se pueden visitar, pero preferimos seguir caminando por el Quai Duperré, un paseo precioso junto al mar rodeado de casas históricas.
Poco después llegamos al Grosse Horloge, una impresionante puerta fortificada coronada por un reloj, que da acceso a la ciudad histórica. No tuvimos tiempo de entrar, pero su presencia ya nos dejó maravillados.
Una ciudad perfecta para una escala de crucero
Conocíamos La Rochelle por ser un puerto habitual en rutas de cruceros, y tras esta breve visita confirmamos que es un lugar ideal para una excursión de escala. Además, ofrece la posibilidad de visitar la cercana Isla de Ré, otro destino muy popular.
Una parada improvisada que se convirtió en un pequeño descubrimiento. La Rochelle nos regaló mar, historia y un ambiente vibrante antes de continuar nuestro viaje hacia Burdeos.


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