Menorca (2019)
Binibequer Vell · Un regreso a uno de nuestros lugares favoritos
Mahón: tercera escala y tercera isla balear
Nuestro tercer día de crucero nos llevaba a Mahón, en la isla de Menorca, completando así la triple visita a las Islas Baleares. Esta parada era más corta que las anteriores, por lo que la excursión sería únicamente por la mañana.
Después de valorar varias opciones, lo tuvimos claro: queríamos volver a uno de los pueblos más bonitos que habíamos visto nunca, Binibequer Vell.
El Costa Neoriviera atracó sorprendentemente dentro de la ciudad, navegando por la preciosa ría de Mahón hasta dejarnos a pocos metros del centro. Una comodidad absoluta para una excursión por libre.
Camino a Binibequer Vell
Con la información bien estudiada, sabíamos que la mejor forma de llegar era en autobús. La Línea 93 conectaba Mahón con Binibequer en unos 15 minutos, aunque con horarios bastante limitados.
El autobús salía a las 9:00 desde la Estación de Autobuses de Mahón, así que tocó madrugar, desembarcar rápido y cruzar la ciudad a pie. Lo curioso fue que Mahón parecía completamente dormida: calles vacías, comercios cerrados… como si aún no hubiera amanecido del todo.
Binibequer Vell: un pueblo que enamora
Llegamos puntuales y sabíamos que disponíamos de dos horas exactas para la visita. La ventaja de haber ido tan temprano fue enorme: éramos prácticamente los primeros en llegar y pudimos disfrutar del pueblo casi en soledad.
Un lugar difícil de describir
Binibequer Vell es uno de esos lugares que cuesta explicar con palabras. Un pueblo pesquero construido con un encanto especial, lleno de rincones mágicos y de una estética que parece sacada de un cuento.
Desde la calle principal, donde están los pequeños comercios, ya se intuye la belleza del lugar. Pero es al adentrarse en sus estrechas callejuelas blancas cuando empieza la verdadera magia.
Miradores y panorámicas
La plaza principal ofrece un mirador precioso hacia una cala con pequeñas embarcaciones. Un rincón donde parece que el tiempo se detiene.
Pero lo más impresionante es girarse y contemplar el conjunto del pueblo: tejados blancos, fachadas impecables, puertas y ventanas de madera en tonos marrones, flores de colores intensos… una postal perfecta.
Perderse sin rumbo
Lo único que pide el cuerpo en Binibequer es caminar sin rumbo, subir y bajar escaleras, descubrir pasadizos, asomarse a balcones y dejarse sorprender. Todo está tan cuidado que parece un parque temático, aunque siempre respetando los carteles que recuerdan que muchas casas están habitadas.
El embarcadero
Bajamos hasta el embarcadero, donde una pequeña cueva junto al mar ofrece una vista espectacular del pueblo. Desde las rocas, las fotos son increíbles: barcas, mar azul y el blanco puro de Binibequer al fondo.
Los pequeños disfrutaron escalando por las rocas y haciendo fotos con sus cámaras, mientras nosotros seguíamos maravillándonos con cada rincón.
Estuvimos casi dos horas recorriendo el pueblo de arriba abajo, repitiendo caminos y descubriendo nuevos ángulos. Binibequer Vell es uno de esos lugares que se quedan grabados en la memoria y que siempre invitan a volver.
Regreso a Mahón
Por desgracia, el horario mandaba. Cogimos el autobús de vuelta hacia Mahón y nos encontramos una ciudad completamente distinta a la de primera hora: calles llenas de gente, comercios abiertos y un ambiente mucho más animado.
Tocaba regresar al barco para continuar nuestro recorrido por el Mediterráneo.
Menorca 2019 — Binibequer Vell, un lugar al que siempre querremos volver.







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