Milán (2018)
Un cierre elegante para nuestra ruta por el norte de Italia
Rumbo a la capital de la moda
La última parada de nuestra ruta por el norte de Italia era la famosa Milán, la capital mundial de la moda y una de las ciudades más cosmopolitas del país. Nos quedaba a mitad de camino en nuestra ruta hacia Savona, donde debíamos tomar el ferry de vuelta, así que era la ocasión perfecta para visitarla por primera vez.
La excursión comenzaba con un momento agridulce: abandonar el hotel de Gardaland, donde habíamos vivido dos días mágicos. Pero en apenas dos horas ya estábamos entrando en la gran metrópolis lombarda.
Aparcar en Milán · Misión cumplida
Antes de llegar ya sabíamos que aparcar en el centro de Milán era complicado y caro, así que optamos por una alternativa práctica: un parking situado en la circunvalación sur, con acceso directo a la línea central del metro.
Llegamos a media mañana y comprobamos que no éramos los únicos con esa idea: nos costó encontrar un hueco en las distintas plantas del edificio. Pero una vez aparcados, el acceso al metro desde el propio parking fue comodísimo.
El Duomo · La postal más icónica de Milán
Tras varias paradas de metro, salimos a la superficie justo frente al monumento más internacional de la ciudad: el Duomo de Milán. Lo habíamos visto cientos de veces en fotos, pero contemplarlo en persona fue otra historia.
Su majestuosidad se multiplica gracias a la enorme plaza que lo rodea, llena de vida, turistas, palomas y edificios históricos que enmarcan la catedral como si fuera una obra de arte.
Nos hicimos las fotos familiares de rigor, los niños jugaron con las palomas y paseamos por los alrededores antes de ir a comer a una trattoria situada a un par de calles del Duomo.
Galería Vittorio Emanuele II · Elegancia pura
Después de comer regresamos a la plaza del Duomo para visitar uno de los lugares más emblemáticos de Milán: la Galería Vittorio Emanuele II. Sus techos acristalados, sus mosaicos y sus tiendas de lujo nos recordaron a las Galerías Umberto I de Nápoles, pero con un aire aún más señorial.
En la zona central vimos a todos los turistas girando sobre una baldosa concreta, y como buenos guiris, repetimos el ritual sin saber muy bien qué suerte nos traería.
Un paseo final antes de volver a la carretera
Seguimos caminando por una calle peatonal cercana, donde nos comimos unos deliciosos helados italianos mientras veíamos a los típicos mimos que saludan o hacen gestos cuando reciben una moneda. Un ambiente muy milanés, elegante pero cercano.
Con el tiempo justo, nos dirigimos de nuevo al metro para regresar al coche. Aún nos quedaba un largo trayecto hasta Savona para tomar el ferry de vuelta.
La sensación final fue muy positiva: habíamos visitado por primera vez Milán, aunque nos quedamos con la impresión de haber visto solo una pequeña parte de todo lo que ofrece. Sin duda, un destino perfecto para una futura escapada más tranquila.
Milán 2018 — Un cierre elegante para un viaje inolvidable por el norte de Italia.

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