Santorini 2012
La postal más esperada del viaje
La isla marcada en rojo
Un sueño griego hecho realidad
La isla de Santorini era, sin duda, una de las paradas más esperadas del viaje. La teníamos marcada en rojo desde el primer día. Es uno de esos lugares donde todo parece distinto, donde el tiempo se detiene y donde cada rincón parece sacado de una postal.
La primera curiosidad llega incluso antes de desembarcar: el barco fondea en la caldera, y desde allí se ve la capital, Fira, suspendida en lo alto del acantilado. Para subir existen tres opciones: hacerlo a pie por las interminables escaleras, subir en burro o tomar el funicular. Con Arnau, la elección estaba clara: funicular, la opción más cómoda y segura.
Fira desde las alturas
Vistas que quitan el aliento
En esta excursión nos acompañaban nuestros compañeros de crucero. Nada más llegar arriba, las vistas eran espectaculares: la caldera, el mar, los acantilados volcánicos… un paisaje único que nos dejó sin palabras. Tras las primeras fotos, tomamos un taxi rumbo a Oia, situada en el extremo norte de la isla.
El trayecto discurre por carreteras estrechas y serpenteantes que parecen colgadas sobre el mar, ofreciendo panorámicas impresionantes durante todo el camino.
Oia, la joya blanca y azul
El paisaje más famoso de Grecia
Y entonces aparece Oia. Ese lugar que tantas veces habíamos visto en guías de viaje, revistas y documentales… pero que en persona es aún más impresionante. Las casitas blancas colgadas del acantilado, los campanarios azules, las terrazas escalonadas, el mar infinito al fondo…
Cada foto que hacíamos parecía una postal. Cada rincón era un cuadro. Cada mirada al horizonte te dejaba sin palabras. Oia es un auténtico regalo para los sentidos y, sin duda, uno de los mejores destinos de todo el viaje por las Islas Griegas.
De vuelta a Fira
Funicular, burros y tender al barco
Tras disfrutar de Oia, regresamos en taxi a Fira. Bajamos de nuevo en funicular mientras veíamos a los turistas descender en burro por las escaleras, una imagen muy típica de la isla.
Ya en el puerto, tomamos el tender que nos llevó de vuelta al crucero, todavía con la retina llena de blanco, azul y mar.
Santorini nos dejó enamorados. Un lugar mágico, único, que supera cualquier expectativa y que recordaremos siempre.

0 Comentarios