Acantilados de Los Gigantes
Tenerife 2007 – Delfines, ballenas y un baño inolvidable
INTRODUCCIÓN
Un día de mar, vida salvaje y paisajes que imponen
El sexto día del viaje nos llevó al sur de Tenerife, a Puerto de los Cristianos, donde nos esperaba una de las experiencias más especiales de toda la semana: una excursión en catamarán para avistar delfines y ballenas en libertad. El ambiente en el puerto ya anunciaba aventura: barcos entrando y saliendo, turistas con prismáticos y ese sol del sur que siempre parece más intenso.
Navegando por el Atlántico
Un mar azul profundo y la promesa de vida salvaje
Nada más embarcar, el catamarán se deslizó mar adentro, dejando atrás la costa y adentrándose en un Atlántico azul oscuro y brillante. El viento, el sonido del agua golpeando el casco y la sensación de libertad hicieron que el trayecto ya valiera la pena.
No tardaron en aparecer los primeros protagonistas del día: delfines mulares, nadando en grupo, acercándose al barco y jugando con las olas. Poco después vimos también ballenas piloto, moviéndose con calma, majestuosas, como si no tuvieran prisa por llegar a ninguna parte. Ver animales en libertad, en su entorno natural, siempre emociona.
Los Gigantes
Un muro volcánico de casi 600 metros de altura
A medida que avanzábamos, el paisaje empezó a cambiar. En el horizonte se levantaba una pared inmensa, oscura y vertical: los Acantilados de Los Gigantes. Cuando te acercas, entiendes por qué llevan ese nombre. Son colosos de roca volcánica, casi 600 metros de altura cayendo a plomo sobre el mar. Un paisaje que impone, que te hace sentir pequeño y que te deja sin palabras.
El catamarán se detuvo justo frente a ellos, en una pequeña bahía de aguas turquesas que parecía sacada de una postal.
Un baño en alta mar
Aguas cristalinas bajo un gigante de piedra
Y entonces llegó el momento más inolvidable del día: un baño en alta mar, con el agua transparente, fresca y profunda, y los acantilados vigilándonos desde arriba. Saltamos desde el barco sin pensarlo. Flotar allí, rodeados de ese paisaje tan salvaje, fue una sensación única.
El contraste entre el azul del agua y el negro volcánico de la roca es algo que se queda grabado para siempre. Fue uno de esos instantes que resumen un viaje entero.
La combinación de navegación, vida marina en libertad, un baño inolvidable y uno de los paisajes más impresionantes de Canarias convirtió esta excursión en uno de los momentos más especiales de Tenerife 2007. Un día que todavía hoy recordamos con una sonrisa.
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