DRAGO MILENARIO Y GARACHICO (2007)


Drago Milenario & Garachico

Tenerife 2007 – Naturaleza, tradición y piscinas volcánicas

INTRODUCCIÓN

Un día completo entre símbolos, volcanes y pueblos con encanto

Este día de nuestro viaje a Tenerife 2007 combinó naturaleza, historia y tradición. Desde un divertido paseo en camello hasta uno de los árboles más emblemáticos de España, pasando por piscinas naturales formadas por lava volcánica. Una jornada variada y sorprendente que nos mostró la esencia del norte de la isla.

Camello Center – El Tanque

Un inicio divertido entre montañas y camellos

Comenzamos el día recogiendo el coche de alquiler para dirigirnos a El Tanque, donde visitamos el peculiar Camello Center. Nada más llegar, el ambiente ya prometía risas: nos disfrazaron con ropa tradicional y realizamos un recorrido en camello por parejas, con las fotos de rigor incluidas.

Fue una experiencia tan curiosa como divertida, perfecta para empezar la jornada con buen humor y con unas vistas espectaculares del norte de Tenerife.

Icod de los Vinos – El Drago Milenario

Un árbol que es historia, símbolo y leyenda

Nuestra siguiente parada fue Icod de los Vinos, donde se encuentra el famoso Drago Milenario. No hizo falta pagar entrada: desde el mirador se apreciaba perfectamente su silueta majestuosa.

Su tamaño, su forma retorcida y su presencia imponente lo convierten en un auténtico icono de Tenerife. Es uno de esos lugares que, aunque hayas visto mil veces en fotos, sorprende aún más en persona. Un árbol que parece sacado de un cuento antiguo, cargado de historia y leyenda.

Garachico

Piscinas naturales y un pueblo renacido de la lava

Continuamos la ruta hacia Garachico, uno de los pueblos más bonitos y con más carácter de Tenerife. Sus calles empedradas, sus casas tradicionales y su historia marcada por la erupción del volcán Trevejo en 1706 le dan un encanto único.

Lo más llamativo del lugar son sus piscinas naturales de agua salada, formadas por la lava solidificada y moldeadas por el mar. Accedimos por unas escaleras y no dudamos ni un segundo en bañarnos: el agua cristalina, las formas caprichosas de la roca y algún que otro tobogán natural hicieron que la experiencia fuera inolvidable.

Desde lo alto, el Castillo de San Miguel vigila todo el entorno, añadiendo un toque histórico a un paisaje ya de por sí espectacular.

Un día completo entre camellos, árboles milenarios, piscinas volcánicas y pueblos con encanto. Tenerife volvió a demostrar que en cada curva hay una sorpresa y que el norte de la isla guarda algunos de sus tesoros más auténticos.

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