VENECIA (2012)





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Venecia 2012

Primera escala del Grand Celebration y comienzo del sueño griego

Llegada a la ciudad de los canales

Noche tranquila para madrugar al día siguiente

Venecia era el punto de partida del crucero, y por ello llegamos al aeropuerto al atardecer. Entre traslados, facturación y el embarque en el barco, se nos hizo muy tarde para visitar la ciudad con calma. Como el Grand Celebration hacía noche en Venecia, decidimos ir directamente a dormir para poder madrugar y disfrutar al máximo de la ciudad a la mañana siguiente.

Rumbo a San Marcos

El Gran Canal como carta de presentación

Nos levantamos a primera hora y, como el barco atracaba a las afueras, cogimos un tren que nos llevó hasta la Piazzale Roma. Desde allí tomamos una línea de vaporetto que recorría el Gran Canal hasta la Plaza de San Marcos.

El trayecto por el Gran Canal fue impresionante: a un lado y a otro se levantaban palacios y edificios históricos, cada uno más bonito que el anterior. Pasamos por debajo del Puente de Rialto y, casi sin darnos cuenta, llegamos a San Marcos con la sensación de estar dentro de una postal.

Plaza de San Marcos

La Venecia más icónica casi en soledad

Al llegar todavía era muy temprano y la Plaza de San Marcos estaba casi vacía, algo poco habitual en Venecia. Pudimos disfrutarla con calma, admirando la Basílica de San Marcos, el Palacio Ducal y el inconfundible Campanile.

Aprovechando que había poca cola, decidimos subir al Campanario para disfrutar de las magníficas vistas de la ciudad y de las islas de alrededor. Desde arriba, Venecia parecía un laberinto perfecto de canales, tejados y campanarios.

Perdiéndonos por Venecia

Puentes, canales y góndolas por todas partes

De vuelta a la plaza, nos hicimos con un mapa turístico y seguimos la línea costera hasta el Puente de los Suspiros. A partir de ahí, dejamos que la ciudad nos guiara y empezamos a caminar sin rumbo fijo, cruzando puentes y más puentes sobre canales llenos de góndolas repletas de turistas.

Entre las muchas cosas que vimos, destacamos la Iglesia de San Giovanni e Paolo y, sobre todo, la vida de la ciudad: plazas llenas de gente, pequeñas tiendas, ropa tendida sobre los canales… Finalmente llegamos de nuevo al Puente de Rialto, esta vez para verlo desde arriba. Desde lo alto, la vista del Gran Canal es una auténtica postal veneciana.

Justo al lado, decidimos hacer la gracia de cruzar el Gran Canal en una góndola-traghetto, una góndola que sirve para pasar de un lado al otro por un precio simbólico. Una experiencia corta, pero muy auténtica.

La verdadera Venecia

Del corazón de la ciudad al Barrio Judío

Para seguir disfrutando de la ciudad, en lugar de volver en vaporetto decidimos regresar al barco a pie. Fue la mejor decisión: pudimos descubrir la Venecia más auténtica, alejándonos de las zonas más turísticas y perdiéndonos por calles estrechas, plazas pequeñas y canales tranquilos.

Llegamos hasta el Barrio Judío, una zona con mucho encanto y mucha historia, y desde allí fuimos regresando poco a poco hacia el barco, con la sensación de haber conocido algo más que la Venecia de postal.

Despedida de Venecia desde el mar

Un inicio de crucero difícil de olvidar

Había sido un día intenso pero maravilloso. Venecia nos dejó un grandísimo sabor de boca y un inicio de crucero espectacular. Al zarpar, ya por la tarde, vivimos uno de los momentos más especiales del viaje: desde la cubierta del Grand Celebration fuimos viendo cómo quedaba atrás toda la ciudad, navegando frente a sus iglesias, campanarios y palacios, disfrutando de una vista completa de Venecia que se nos quedará grabada para siempre.

Sin duda, volveremos a Venecia para disfrutarla de nuevo, tanto de día como de noche, y para visitar lugares que dejamos pendientes como Murano, Burano, el Lido y tantos otros rincones preciosos.

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