Le Havre 2013
Normandía, acantilados de postal y un pueblo encantador
Le Havre
Puerta de entrada a la histórica Normandía
La primera excursión del crucero nos llevó hasta Le Havre, en plena Normandía, muy cerca de las playas del desembarco. Tras valorar varias opciones, descartamos la visita a Mont Saint-Michel por las tres horas de trayecto de ida y vuelta, dejándolo para otra ocasión.
Finalmente decidimos hacer la excursión por nuestra cuenta y alquilar un coche a través de internet para visitar Étretat y Honfleur, dos lugares que nos llamaban muchísimo la atención.
Recogida del coche
Un Renault Clio para recorrer Normandía
Empezamos el día con una visita panorámica por Le Havre en el Shuttle Bus gratuito del barco, que nos llevó por el centro de la ciudad y nos dejó muy cerca de la agencia donde teníamos que recoger el coche.
Tras caminar cinco minutos, recogimos nuestro Renault Clio, el GPS y una sillita para Arnau. Con todo listo, pusimos rumbo hacia Étretat.
Étretat
Acantilados de postal en la costa normanda
Étretat se encuentra al norte de Le Havre, a unos 40 minutos. Durante el trayecto ya pudimos disfrutar de un paisaje verde de película. Al llegar descubrimos una ciudad pintoresca cuyo mayor atractivo son sus acantilados, muy cercanos a la playa principal.
Muchos pintores franceses han inmortalizado este paisaje, y no es para menos. Aunque no pudimos subir a lo alto de los acantilados por las escaleras y el carrito de Arnau, las vistas desde la playa eran simplemente excepcionales.
De camino de vuelta hicimos una parada improvisada junto a un campo lleno de las típicas vacas normandas para que Arnau pudiera verlas de cerca. Un momento sencillo pero precioso.
Honfleur
Un pueblo francés de cuento
Después de comer tranquilamente en el barco, nos dirigimos hacia Honfleur, la primera ciudad en la desembocadura del río Sena. Para llegar más rápido utilizamos la autopista y cruzamos el impresionante Puente de Normandía, una obra de ingeniería espectacular.
Honfleur es pura magia: su plaza central es un puerto lleno de barquitos, sus calles empedradas invitan a pasear, y su carrusel y edificios singulares le dan un aire de película. La palabra que mejor lo define es encantador.
Tras recorrer sus calles, hacer cientos de fotos, tomar un café en la zona más elegante y disfrutar de un gofre de Nutella, llegó el momento de volver a cruzar el Puente de Normandía, entregar el coche y regresar al barco.
Le Havre 2013: un día perfecto entre acantilados, pueblos con encanto y paisajes inolvidables.


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