Mónaco 2006
Un final de lujo para nuestro crucero por el Mediterráneo
Villefranche-sur-Mer: puerta de entrada a la Costa Azul
Nuestra última excursión del viaje nos llevó a tierras francesas, concretamente al precioso pueblo pesquero de Villefranche-sur-Mer. El Norwegian Jewel no podía atracar por falta de profundidad, así que accedimos a tierra mediante botes lanzadera, disfrutando de unas vistas espectaculares de la Costa Azul.
Como la escala la hacíamos por libre, teníamos dos opciones: Niza o Mónaco. Y decidimos terminar el crucero por todo lo alto, tomando un tren de 10 minutos hasta el Principado.
El Palacio Grimaldi y el cambio de guardia
Nada más salir de la estación de tren subimos hacia la parte alta de la ciudad para visitar el Palacio Grimaldi, residencia oficial de la familia real monegasca. Llegamos justo a tiempo para ver el cambio de guardia, un pequeño espectáculo ceremonial muy típico del Principado.
Desde el acceso al palacio disfrutamos de nuestra primera vista panorámica del Puerto de Mónaco, repleto de yates de lujo que parecían sacados de una película.
Catedral de San Nicolás y tumba de Grace Kelly
Muy cerca del palacio, en una plaza encantadora situada en lo alto de La Roca, se encuentra la Catedral de San Nicolás. En su interior visitamos la tumba de Grace Kelly, uno de los lugares más emblemáticos del Principado, donde descansan también otros miembros de la familia Grimaldi.
Museo Oceanográfico y recorrido en tren turístico
Continuamos caminando hasta el Museo Oceanográfico, uno de los edificios más icónicos de Mónaco. Desde allí tomamos un trenecito turístico que nos llevó por los principales puntos del Principado.
Pasamos por el Casino de Montecarlo, por avenidas llenas de lujo y, lo más emocionante, recorrimos parte del circuito urbano de Fórmula 1, incluyendo el mítico túnel.
Puerto de Hércules: yates y coches imposibles
Al terminar el recorrido bajamos hacia el Puerto de Hércules, donde paseamos entre yates gigantescos y coches de alta gama que parecían estar allí solo para ser admirados. Mónaco es un escaparate de lujo en cada esquina.
Casino de Montecarlo: el corazón del glamour
Nuestro último punto del día fue el Casino de Montecarlo, uno de los edificios más famosos del mundo. No nos atrevimos a entrar, pero lo disfrutamos desde la Plaza del Casino, con sus fuentes, jardines y ese ambiente exclusivo que parece sacado de otro planeta.
Es un lugar donde se respira glamour, riqueza y un estilo de vida muy distinto al nuestro, pero fascinante de ver.
Desde allí caminamos de nuevo hasta la estación para tomar el tren de vuelta a Villefranche y regresar al NCL Jewel. Mónaco fue el broche perfecto: elegante, sorprendente y lleno de rincones inolvidables. Un final de lujo para nuestro crucero por el Mediterráneo.

0 Comentarios