Día 2 — Ciudad Prohibida
Palacio de Verano y primeros pasos por la China imperial
Comienza la primera gran excursión
Un día lleno de historia y símbolos
Nos reunimos con el grupo de turistas españoles en el hall del hotel y comenzamos la primera excursión oficial de la Luna de Miel: la Ciudad Prohibida. El autobús nos llevó hacia el corazón histórico de China, y pronto nos encontramos frente a la impresionante Plaza de Tian’anmen, la plaza pública más grande del mundo.
Allí se palpa la historia. La presencia militar, los controles y la magnitud del lugar te recuerdan que estás en uno de los puntos más simbólicos del país. Antes de entrar al Palacio Imperial, hicimos la clásica foto de grupo con la puerta principal de fondo.
La Ciudad Prohibida
El corazón del imperio chino
Tras cruzar la puerta principal, nos adentramos en la Ciudad Prohibida, uno de los lugares más emblemáticos de Pekín y símbolo absoluto de China. Fue el hogar de los emperadores durante siglos y es el conjunto de palacios más grande del mundo.
La visita superó todas nuestras expectativas: sus dimensiones, su belleza, sus tejados decorados con dragones, sus patios inmensos y la sensación constante de estar caminando por la historia. Era imposible no hacer cientos de fotos, intentando capturar cada detalle de este lugar único.
Pasear por la Ciudad Prohibida es sentirse pequeño ante la grandeza de un imperio, pero al mismo tiempo formar parte de él por unas horas.
Palacio de Verano
Jardines, lagos y calma imperial
Por la tarde, después de la comida incluida en la excursión, continuamos hacia el Palacio de Verano, la residencia estival de los emperadores. El contraste con la Ciudad Prohibida era precioso: jardines, agua, colinas verdes y un ambiente mucho más relajado.
Visitamos el famoso barco de mármol y después subimos a una embarcación con forma de dragón para navegar por el Lago Kunming. Desde allí contemplamos la Pagoda del Buda Fragante, que preside la colina y completa un paisaje digno de una pintura clásica china.
La China olímpica
El Nido de Pájaro y un espectáculo nocturno
De regreso al hotel, hicimos una parada cerca del Estadio Olímpico de Pekín, el famoso Nido de Pájaro. No nos dejaron acercarnos demasiado por motivos de seguridad, pero aun así impresionaba verlo tan de cerca, sabiendo que ese mismo año sería el centro del mundo deportivo.
Ya por la noche asistimos a un espectáculo de acrobacias, lleno de saltos imposibles, equilibrio y coordinación. Una forma perfecta de cerrar un día cargado de historia, cultura y momentos inolvidables.
Así terminó nuestro segundo día en China: con la sensación de haber recorrido siglos de historia en apenas unas horas y con la emoción de saber que aún quedaba muchísimo por descubrir en esta Luna de Miel inolvidable.
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