PEKIN (2008)


Día 1 — Llegada a Pekín

Mercado de la Seda y centro de la ciudad

El inicio real de nuestra Luna de Miel

Aterrizaje en la otra punta del mundo

Después de muchísimas horas de vuelo, por fin aterrizamos en el Aeropuerto Internacional de Pekín. Fue un momento emocionante: cansancio acumulado, ilusión desbordada y esa sensación de estar empezando el viaje más importante de nuestras vidas. Allí nos esperaba nuestro guía para trasladarnos al Hotel Great Wall, un alojamiento modernísimo, enorme y lleno de comodidades donde pasaríamos los siguientes cuatro días.

Subimos a la habitación, descansamos un poco para recuperarnos del jet lag y, ya con algo más de energía, tomamos una decisión que marcaría el tono del día: no contratar la excursión opcional y lanzarnos a descubrir Pekín por nuestra cuenta. Al final del día nos dimos cuenta de que había sido la mejor elección posible.

Primeras impresiones de Pekín

Un cielo distinto y la sensación de estar muy lejos de casa

Nada más salir a la calle, lo primero que nos impactó fue el cielo: una especie de niebla permanente, mezcla de humedad y contaminación, que creaba una atmósfera completamente distinta a la que conocíamos. Fue el primer recordatorio de que estábamos en un mundo nuevo, diferente, inmenso.

Comimos en un restaurante cercano al hotel y, antes de aventurarnos más lejos, cogimos una tarjeta del hotel escrita en chino. Un truco imprescindible para poder volver sin problemas en taxi. Con esa pequeña seguridad en el bolsillo, nos subimos a un taxi y dimos oficialmente comienzo a nuestra aventura.

Mercado de la Seda

Regateo, imitaciones y primeras compras

Nuestro primer destino fue el famoso Mercado de la Seda, un enorme edificio de varias plantas repleto de puestos donde predominaban las imitaciones de productos de marca. Ropa, bolsos, relojes, maletas… todo lo imaginable.

Allí aprendimos el auténtico arte del regateo: calculadora en mano, sonrisas, contraofertas y ese juego constante de “te digo un precio, tú me dices otro”. Fue divertido, intenso y totalmente nuevo para nosotros.

Entre risas y negociaciones, hicimos nuestras primeras compras del viaje y empezamos a llevarnos recuerdos de China.

Wangfujing

Luces, tiendas y sentirse observado

Desde el Mercado de la Seda fuimos directos a Wangfujing, la gran calle comercial del centro de Pekín. Un lugar vibrante, lleno de luces, tiendas, carteles luminosos y un ambiente que nos dejó fascinados.

Algo que nos sorprendió muchísimo fue que no era habitual ver turistas solos por allí. Tanto es así que varias personas nos pidieron hacerse fotos con nosotros. Esa sensación de ser “los diferentes” nos acompañó durante todo el paseo.

Disfrutamos del ambiente, de la iluminación, de las tiendas y, por supuesto, de la tienda oficial de los Juegos Olímpicos, donde ya se respiraba el espíritu de Pekín 2008.

Cuando empezó a anochecer, regresamos al hotel en taxi, enseñando la tarjeta en chino que habíamos guardado con tanto cuidado. Al día siguiente comenzaban las excursiones contratadas y queríamos estar descansados para aprovechar cada minuto. Así terminó nuestro primer día en Pekín: con la emoción de haber dado los primeros pasos en un país completamente distinto y con la certeza de que esta Luna de Miel iba a ser un viaje inolvidable.

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