MORELLA (2017)

 
 
 

Morella (2017)

Una parada inesperada que se convirtió en un flechazo

Una visita improvisada que cambió el plan

Después de nuestra noche rural en Olocau del Rey, la idea inicial era hacer una excursión rápida a Morella antes de volver a casa. Estaba cerca, apenas a media hora, y nos apetecía conocerla. Lo que no imaginábamos era que aquella visita improvisada se convertiría en un auténtico flechazo.

Paseamos por sus calles, vimos sus murallas, respiramos su ambiente medieval… y en cuestión de horas ya sabíamos que no queríamos irnos. Así que hicimos lo que pide el corazón cuando un lugar te enamora: reservamos una noche de hotel y alargamos el viaje un día más.

Hotel El Cid — Frente a la muralla

Encontramos habitación en el Hotel El Cid, justo delante de la muralla. Un hotel sencillo, muy bien situado y, lo más importante para nosotros, apto para celíacos. El servicio fue impecable y nos sentimos como en casa desde el primer momento.

Fue la base perfecta para disfrutar de Morella con calma, sin prisas y sin mirar el reloj.

Día 1 — Murallas, torres y vistas panorámicas

Empezamos la tarde recorriendo el centro del pueblo, dejándonos llevar por sus calles empedradas, sus pendientes y ese ambiente medieval que lo envuelve todo. Entramos por las Torres de Sant Miquel, uno de los accesos más emblemáticos, y subimos a las murallas para disfrutar de las vistas.

También visitamos la Basílica de Santa María, una joya arquitectónica que nos sorprendió por dentro y por fuera. Después salimos a las afueras para buscar una panorámica completa de Morella y hacer nuestras fotos familiares con el castillo dominando el horizonte.

Antes de volver al hotel hicimos una última parada en el Acueducto de Morella, una obra impresionante que añade aún más historia al paisaje.

Día 2 — Ascenso al castillo

A la mañana siguiente tocaba subir al Castillo de Morella. Lo hicimos caminando, disfrutando del ambiente del pueblo y parando en varios parques infantiles con toboganes que tenían unas vistas espectaculares del castillo. Arnau lo pasó en grande y Nora observaba todo con curiosidad.

La subida fue larga, pero valió la pena. El interior del castillo es impresionante y las vistas desde arriba son de esas que se quedan grabadas para siempre. Fue una experiencia inolvidable, una mezcla de historia, paisaje y familia.

Un lugar al que volveremos

Morella fue una sorpresa maravillosa. No estaba en el plan, no formaba parte del itinerario, pero a veces los mejores lugares aparecen así: sin buscarlos. Nos enamoró su muralla, su castillo, sus calles, su historia y su ambiente.

Estando a menos de dos horas de casa, supimos que volveríamos. Y que, cuando lo hiciéramos, repetiríamos sin dudarlo en el mismo hotel. Porque Morella fue, simplemente, un rincón por descubrir.

Morella 2017 — Una ciudad medieval que nos atrapó desde el primer instante.

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